Mindfulness

El mindfulness, atención plena o consciencia plena es una forma de meditación que se aplica a la vida cotidiana.

El mindfulness moderno está basado en la meditación Vipassana, una antigua técnica de meditación asociada al budismo, que consiste en «tomar conciencia del momento presente», «tomar conciencia de la realidad».

Lo importante es sacar tiempo para «no hacer», para simplemente «ser». La gente suele malinterpretar lo que significa meditar. Se cree que es hacer algo concreto para conseguir llegar a un estado especial. Pero en realidad se trata de dejar de hacer, de salirte de la rutina y el ajetreo diarios para dedicarte un rato a permanecer con la conciencia despierta.

«La auténtica meditación depende más de cómo se vive la vida que de si se practica reservando un tiempo cada mañana.»

Meditar se convierte así en estar más presente en todo lo que va sucediendo a lo largo del día, evitando juzgar y reaccionar de forma impulsiva.

Prestar atención sin juzgar, practicar la atención plena no impide que juzguemos: juzgamos constantemente y lo seguiremos haciendo. Pero ayuda a tomar conciencia de cuánto lo hacemos y de hasta qué punto podemos llegarnos a creer nuestros propios juicios. Si uno se para y observa la mente se da cuenta de cuántas ideas y opiniones sostiene sobre casi cualquier cosa.

Muchos de nuestros juicios de valor los hacemos de forma automática, sin pensarlo, y a esos juicios les sigue una reacción emocional que será positiva o negativa en función de si aquello que estamos juzgando nos ha gustado o no.

La atención plena ayuda a ver las cosas más como son y no tanto como creemos que son o como nos gustaría o temeríamos que fueran. Esto resulta muy liberador y reduce el sufrimiento, porque gran parte de nuestro sufrimiento viene de no conseguir que las cosas sean como queremos o de obtener cosas que creemos no desear. Estamos constantemente luchando contra la vida, ansiando ser felices a base de esperar que el universo nos dé lo que queremos. Pero el universo no nos tiene tan en cuenta…

Meditar no consiste en hacer sino en estar más presente, ser menos crítico y menos reactivo emocionalmente, más capaz de discernir.

Se trata de ser más compasivo, con uno mismo y con los demás, y también, por qué no decirlo, más sabio, pues ya no se vive atrapado por la apariencia de las cosas y se gana comprensión sobre lo que está sucediendo. Entonces, cuando se actúa, se actúa desde el ser, y ese es un hacer muy diferente del hacer inconsciente.

Una atención que se centra en el momento presente , una presencia mental lúcida y ecuánime. Porque en esa presencia mental reside nuestra esencia. El problema es que solemos estar tan ocupados pensando y haciendo que lo olvidamos.

La meditación enseña a no identificarse con lo que se siente o se piensa. Si no somos lo que pensamos ni lo que sentimos, ¿qué somos?

 ¿Quién soy? o ¿Qué soy? Cuando en el día a día se nos hace esa pregunta solemos responder cómo nos llamamos, a qué nos dedicamos, dónde hemos nacido… Pero ¿quiénes somos más allá de todos esos atributos?

La meditación de la atención plena plantea la pregunta constantemente pero no da ninguna de esas respuestas. Porque la respuesta no está en las palabras sino en el silencio. Permite darse cuenta de que, si no eres quien piensas, puede que seas la conciencia misma. O dicho de otro modo: eres aquel que está despierto; no aquel que siente o piensa, sino el que está presente, el que formula la pregunta. Y la conciencia, esa presencia mental, es más poderosa que los pensamientos y los sentimientos, porque permite arrojar luz sobre ellos, comprenderlos e incluso cambiarlos.

Beneficios del Mindfulness

Reduce la ansiedad y la depresión, regula la tensión arterial, mejora la psoriasis y modifica la actividad de estructuras cerebrales como el hipocampo y la amígdala, implicadas en las emociones, la atención y la memoria. En casos de enfermedades crónicas o muy graves, el problema médico puede que se mantenga pero la persona se siente mejor: aprende a convivir con la enfermedad y a regular el dolor. Además se ha comprobado que no hace falta llevar mucho tiempo practicando para que se produzcan esos cambios estructurales y funcionales en el cerebro y en el cuerpo.

Solemos confundir la sensación de dolor con lo que pensamos sobre el dolor y las reacciones emocionales que tenemos ante ese dolor, sea frustración, decepción, incluso miedo… Y meditar permite tomar conciencia de ello y ver que existen otras maneras de relacionarse con el dolor. De hecho, en un estudio se vio que prestar atención de determinada manera a las sensaciones corporales, sobre todo a sensaciones incómodas como el dolor, modifica con el tiempo la interpretación que el cerebro hace de ellas. De ahí que meditar sea una herramienta muy poderosa para personas con enfermedades crónicas dolorosas a las que la medicina no consigue aliviar.

«Al meditar se activa más el lado izquierdo del córtes prefrontal, lo que se relaciona con un mayor equilibrio e inteligencia emocionales.»

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